El Aurelianianus de Maximiano: Testigo de la Tetrarquía y de la Resiliencia del Imperio Romano
- Alejandro Tobón B.

- 15 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 18 sept 2025

Las monedas antiguas no son simples piezas de metal: son pequeñas cápsulas del tiempo que nos hablan de emperadores, ciudades, conquistas y crisis. El Aurelianianus de Maximiano, acuñado en la ciudad de Lugdunum (actual Lyon, Francia), nos remonta a finales del siglo III d.C., cuando el Imperio Romano se encontraba en una de sus etapas más turbulentas y, al mismo tiempo, en un esfuerzo renovador por sobrevivir.
A continuación, los invito a sumergirnos en una de las piezas más apasionantes presentes en esta colección, una moneda que nos habla de la historia de la humanidad a través de sus símbolos.
Roma en crisis: un imperio al borde del colapso
El siglo III fue especialmente duro para Roma. La llamada Crisis del siglo III (235–284 d.C.) se caracterizó por:
Invasiones externas de godos, francos, alamanes y persas sasánidas.
Revueltas internas y usurpadores que se autoproclamaban emperadores.
Inestabilidad económica, con una inflación galopante y devaluación de la moneda.
Una alarmante sucesión de emperadores: más de 20 en apenas 50 años, muchos de los cuales murieron asesinados o en batalla.
Para muchos contemporáneos, parecía que Roma estaba destinada a caer. Fue entonces cuando apareció la figura de Diocleciano, un militar de origen humilde, quien en 284 d.C. accedió al poder e ideó una profunda reestructuración del Estado romano.

Maximiano: de soldado a augusto
Maximiano, cuyo nombre completo era Marcus Aurelius Valerius Maximianus, ( En algunas ocasiones también conocido como Máximo) provenía de Sirmio, en la provincia de Panonia (hoy Serbia). Como muchos emperadores de la época, era un hombre surgido de las filas del ejército, de origen modesto, pero con gran disciplina y talento militar.
En el año 285 d.C., Diocleciano lo nombró césar (emperador adjunto) y poco después lo elevó a augusto, compartiendo con él el poder del imperio. Mientras Diocleciano se ocupaba de Oriente, Maximiano gobernaba en Occidente, con base en Milán y en la Galia, asumiendo la defensa de las fronteras del Rin y luchando contra rebeldes y pueblos bárbaros.
Su apodo, Hercúleo, no fue casual. Simbolizaba la fuerza bruta y el vigor del héroe Hércules, mientras que Diocleciano se asociaba con Júpiter, el dios supremo. Así, los dos emperadores presentaban al mundo romano la imagen de un poder compartido pero complementario: la inteligencia de Júpiter y la fuerza de Hércules.
La gran transformación: la Tetrarquía
En el año 293 d.C., los problemas del Imperio seguían siendo demasiados para dos hombres. Diocleciano y Maximiano crearon un sistema innovador: la Tetrarquía, el gobierno de cuatro.
Dos augustos (Diocleciano en Oriente y Maximiano en Occidente).
Dos césares (Galerio y Constancio Cloro, como herederos designados).
Con esta división, cada gobernante podía encargarse de una región específica, reaccionar con mayor rapidez ante invasiones y asegurar una sucesión más ordenada.
Este cambio no fue solo político, sino también simbólico: las monedas comenzaron a reflejar esta nueva imagen de poder compartido, mostrando emperadores casi idénticos, todos con la misma autoridad, proyectando al pueblo la idea de unidad y estabilidad.
Reformas y legado
Bajo el gobierno de Maximiano y Diocleciano se llevaron a cabo profundas reformas:
Militares: se reforzaron las fronteras y se reorganizó el ejército, creando nuevas unidades más móviles.
Administrativas: se dividió el imperio en más provincias y se estableció una burocracia más eficiente.
Económicas: aunque no siempre exitosas, se intentó frenar la inflación y estabilizar la moneda. El Aurelianianus, con su ligero plateado, refleja esos intentos de recuperar la confianza en la circulación monetaria.
Religiosas e ideológicas: los emperadores empezaron a presentarse no solo como líderes militares, sino como figuras cercanas a lo divino. La asociación de Maximiano con Hércules es un claro ejemplo.
Una moneda con mensaje
El Aurelianianus de Maximiano no era simplemente dinero. Era una herramienta de propaganda que circulaba por todo Occidente y transmitía a cada ciudadano el mensaje de que Roma había recuperado la fuerza y la estabilidad. El retrato del emperador con corona radiada lo presentaba como un líder poderoso y casi sagrado, mientras que el reverso solía aludir a la victoria militar, a la seguridad de las fronteras o a la protección de los dioses.
Aunque la Tetrarquía no sobrevivió mucho tiempo y Maximiano acabaría envuelto en intrigas y luchas de poder, su figura representa un intento serio de salvar el Imperio en uno de sus momentos más oscuros. Gracias a monedas como esta, podemos entender cómo el poder imperial se comunicaba con millones de personas, y cómo un humilde soldado de Panonia llegó a convertirse en uno de los pilares que sostuvieron al Imperio Romano en su camino hacia la Antigüedad Tardía.




Comentarios